La sonrisa de Pepa (el cuento cadena)

Capítulo 7

Acompañada por Narmer y Athos, Pepa entró en la pirámide de Giza, vio la Gran Esfinge, paseó por el Valle de los Reyes, tocó los templos de Abu Simbel. Habló con las gentes, pues la magia le permitía entenderse con ellos sin ningún problema. Notó el sofocante calor en su rostro y sintió bajo sus pies descalzos la fresca arena de un oasis donde pararon a beber y comer acompañados por un séquito de preciosas mujeres, bajo una enorme tienda egipcia.

Pepa contó mentalmente: les había llevado tres días la visita. Estaba feliz, pletórica, pero aunque disfrutaba de ese paraíso, echaba mucho de menos estar en casa, a sus padres, el olor que desprendía su madre, su chocolate caliente por las mañanas, pero sobretodo, echaba de menos a su abuelo, al que recordaba a cada minuto, pues Pepa sabía que ese hombre amaría cada segundo que ella estaba pasando allí.

“Narmer” dijo Pepa la tercera noche cuando terminaron de ver los fantásticos bailes que las mujeres les dedicaban.

“Dime Pepa” contestó ese hombre que no se había apartado de ella ni un minuto en esos últimos e intensos días.

“¿Cuando podré volver a casa?” dijo Pepa con preocupación por si respuesta no le gustaba.

“Cuando tú quieras preciosa”. Y con una cómplice sonrisa, Narmer le alargó la mano, se dirigieron al córcel y tomaron rumbo a la roca donde Pepa había dejado sus pertenencias.

La despedida de Pepa y Narmer fue triste, lo habían pasado muy bien juntos y Pepa no sabía si se volverían a encontrar, pero no quiso preguntar.

Una vez más apareció algo brillante. Una cerradura donde Pepa puso de nuevo su llave granate y giró. Al abrirse, el frío le hizo estremecerse y se abrigó. Athos cruzó la puerta y Pepa le siguió después de girarse para decir adiós a Narmer con su pequeña manita.

Una vez se cerró la puerta, Pepa y Athos se quedaron unos segundos adivinando donde se encontraban, seguían ahí, al lado del árbol sin hojas, nada parecía haber cambiado desde que saltaron al otro lado de la puerta. Pepa miró a Athos que temblaba de frío y le gritó: “¡Vamos a casa Athos!” y corrieron a casa mientras Pepa todavía podía notar arena de Egipto en sus pies. Era una sensación extraña, sólo hacía un minuto estaba en pleno Egipto y ahora corría entre la nieve de su pueblo. Pero corría muy rápido, con una imagen en mente: Su casa. Aunque apenas la separaban cinco minutos, se le hicieron eternos…

Al llegar a casa, su madre estaba ahí, como cada día esperándola detrás de la puerta para darle un beso y preguntarle qué tal el día. Pero esa tarde, Pepa, en vez de empezar a contarle todo lo que había aprendido en el colegio, se abrazó a su madre, fuerte, muy fuerte, tanto que su Anna se preocupó de esa reacción, pues aunque los abrazos entre ellas eran constantes, Pepa parecía abrazarla de forma distinta, como si algo le rondara en la cabeza, como si algo le hubiese pasado que no le quería contar.

Pepa se quitó el abrigo y lo colgó en una de las barras de ese perchero al que tenía tanto cariño, pues su abuelo lo había hecho especial para ellos, lleno de formas que recordaban los sueños de viajar que le había transmitido siempre, se quedó mirándolo y en una de las bolas para colgar estaba dibujada una pirámide, Pepa sonrió y buscó con los ojos a su abuelo, no estaba en su sillón así que debía estar en casa de alguno de sus amigos jugando la partida de cartas de la tarde. Pepa siguió a su madre hasta la cocina donde le tenía, como cada tarde, un bizcocho recién hecho y un chocolate caliente. ¡Como lo había echado de menos!

Se sentaron Pepa y su madre frente a frente, en esa mesa de madera tallada con hadas y gnomos que había hecho su padre hacía tantos años. Pepa miró a su madre dispuesta a contarle todo lo que había visto pero…

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El blog elegido para continuar con la cadena de “La sonrisa de Pepa” es “La mama vaca”, gran amiga y parte culpable de mi blog, con gran sensibilidad (siempre y cuando ladyquinqui esté durmiendo) esperando ver el giro que le da, un besito reina.

Y doy gracias a “Historias de un príncipe y cuatro princesas” que me dió el testigo y escribió unas bonitas palabras sobre mí, gracias!


“La sonrisa de Pepa” consiste en un cuento cadena que empieza en el blog de *La Petiua Tina* es un cuento cadena escrito por mamás y papás bloggers.

Seguir la cadena es muy muy fácil y sólo te ocupará un momento. Si eres elegid@ por una mamá o papá blogger sólo debes escribir el capítulo que le sigue al escrito por el Blog que te eligió. Así que si te eligieron deberías seguir la historia y conseguir el código (Get the code) y copiarlo al final de tu entrada del cuento. Una vez publiques tu entrada entra en ella y añade tu link (add your link) informando el nombre de tu blog y entre paréntesis el capítulo que has escrito.

Para entenderlo mejor haz click aquí

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Acerca de estanjana

Soy estanjana, mama de un niño de 6 años (estanjanito), de una niña de 1 año (estanjanita), trabajaba como arquitecto técnico (ahora emprendedora), y estoy rejuntada con estanjano (compañero incansable de viaje). Catalana de nacimiento y cántabra de adopción. Me gusta viajar, leer, la fotografía, el cine, internet, soy asidua de foros, facebook, twitter y por supuesto de los blogs Ver todas las entradas de estanjana

2 responses to “La sonrisa de Pepa (el cuento cadena)

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