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Oda a los canelones

Bueno, ya sé que dije que dedicaría el mes de diciembre a la solidaridad pero quería hacer una parada porqué hoy me vino un recuerdo a la memoria y no podía desperdiciarlo, porqué también tiene relación con la navidad.

No es una oda tal cuál pero si un homenaje a los canelones, los de toda la vida, esos canelones que nos hacía la abuela. Esos con los que si me dieran a escoger, viviría solo de comer canelones de mi abuela o sus “crispells” (no sé la traducción, pero son tortitas de bacalao), bueno, y de los mejillones que prepara estanjano (mmm no sé si podría escoger un sólo plato de lo que prepara estanjano), bueno, y de bocadillos de jamón con tomate, mmmm y de chocolate, y las alcachofas al horno que preparaba mi padre, y de la albóndigas de mi suegra, y de … vale, paro, paro porque se me hace la boca agua y no podría escoger. Como dice Leia tengo el morro puta, jeje

A lo que iba este es un post-homenaje a esas abuelas que se dedicaban horas a hacer con amor esos canelones. Y no volveré a probarlos más, mi abuela murió hace año y medio llevándose el secreto con ella, aunque alguna vez me lo explicó, mi memoria no es nada buena así que me quedo sin ellos. Mi abuela me los hacía especialmente para mí, eran mi devoción, que había fiesta seguro que caían, fuera navidad, reyes, santo, cumpleaños, de quién fuese, yo sabía que había canelones fijo.

Los hacía el día anterior, con pollo, carne sobrante, foie gras, y cebolla o ajo, algo de tomate, no sé muy bien cuál era el secreto, todo así picadito, picadito como una crema, y venga, a extender la pasta de canelones en la encimera, y con una cucharita a rellenarlos y enrollarlos; ahí aparecía yo para “ayudar” (a comermélos) vestida probablemente con un jersey de lana hecho por mi abuela, con un perrito; subida a una silla para llegar, me encantaba el olor de la casa ese día, y el posterior más, jeje. Y los terminaba de rellenar por los laterales, luego a la bandeja de horno, con bechamel por encima y queso rallado, pero poco, porque eran canelones “secos” para comer los canelones sin que flotasen en bechamel. Y al horno! salían así de tonos amarillos y marrones, bien gratinados. Geniales! (obviamente hacía dos bandejas, una para el día de la fiesta y la otra para el siguiente!!!!)

Hubo una época en la que me dediqué a pedir canelones ahí donde parase a comer, y nada, hija, para nada se parecían, o flotaban o eran con tomate, o ni por asomo eran caseros,… sí, soy muy exigente con los canelones, a mi me gustan “secos”…los canelones se entiende.

Gracias abuelas, especialmente a la mía (ahí donde esté) por alimentarme de canelones riquísimos y la felicidad que me provocaban.

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