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Días de hospital

Ya está, has parido, te han cosido y te suben a la habitación…a estar tranquila, ejem, de eso nada.

Eran las seis aproximadamente cuando nos subieron a la habitación. Lo sentí por los compañeros que nos tocaron, pero les despertamos y dudo que descansaran más.

Entraron enfermeras y auxiliares. Ahora te toman la tensión, la temperatura a madre e hija, ahora te pinchamos para una muestra de sangre (menos mal que estaba estanjano y le pedí que apretara la teta, a la que estaba enganchada estanjanita, para que pudiera respirar bien), toca antibiótico (debido al desgarro) y lo peor: la vacuna de la hepatitis para estanjanita, la vitamina K y la crema de los ojos (por supuesto lloraba la niña a más no poder). Almenos me salté los consejos sobre lactancia al decirle que había dado pecho durante 25 meses. Y ahí terminó por el momento el vaivén de personas.
Cuando nos dejaron dormir ya eran las siete. Estanjano se tumbó en el “cómodo” sillón y yo en la camilla con estanjanita encima. Pero no podíamos dormir, las emociones eran muchas y los detalles a comentar (flojito) también. Cogiéndonos de las manos pasamos el tiempo… hasta el desayuno! Mmmm que bien! Tenía hambre voraz, pese al mal rato posterior a dar a luz, me sentía genial, de oxcitocina hasta arriba, nada cansada y muy muy feliz.

La mañana pasó tranquila, estanjano y yo seguíamos alucinando de lo vivido horas antes y comentando cosas. Mi cuñada vino a conocer a su sobrina y aprovechando, estanjano fue a casa a recoger un poco, desayunar y traerme el móvil que se había quedado encima de la mesita mientras controlaba las contracciones. A su vuelta empezamos a avisar a familiares y amigos del feliz acontecimiento y haciendo gala de la ayuda del matrón (bueno y entre el personal sanitario, que debíamos ser la historia de la semana porque todas preguntaban!)

Me sentía tan bien, que si no hubiese tenido el gotero me hubiese ido para casa. Mi marido lo comentó con varias visitas, mi aspecto, mi cara, eran como si no hubiese parido, llena de energía, tal como me sentía.

El único hecho que me mataba era estar lejos de estanjanito, que yo sé que con sus tíos estaba bien, pero sé que nos echábamos mutuamente de menos, con lo que hablamos nosotros!! Por la tarde, yo me levanté muy bien y me senté en la silla con mi niña en brazos, ni un dolor en los bajos como me hubiera temido, estanjanito llegó entonces y me alegré de volver a verle! no pudimos hablar mucho, yo quería saber qué sentía y como se encontraba pero no era el momento y él como sabía que era una visita, hizo una visita fugaz diciendo que tenía hambre y que abajo había unas máquinas con comida! Apenas una caricia y una foto le pudimos sacar, estaba distante y no dejé de pensar en él.

Pasado el primer día entre visitas (no muchas, por suerte, y agradables), llamadas telefónicas y whatsapps, llegaron las nueve de la noche e intentamos dormir. Nos costó un poco porque seguíamos con la anedralina en las venas o la oxcitocina (que sé que estanjano también la generó al participar activamente en el parto, jeje).

Después de una buena noche, llegó un buen día, estanjanita estaba tranquila y solo dormía y comía. Estanjano fue a por estanjanito para llevarle al cole y comentar la noticia con la profe.

Me hicieron la clase de baño neonatal que ahora se hace en el hospital para explicar a los padres como bañar a los recién nacidos por ser hospital amigo de los niños, me encantó, pese a mi experiencia, estubo muy bien recordar. Pero un día en el hospital es terriblemente aburridooooo!!!, a pesar que mi cuñada por la mañana y mi suegra por la tarde me acompañaron y me hicieron sentir bien, las horas se hacen interminables, sólo ves pasar enfermeras, o entran a mirarte la temperatura o la tensión, en mi caso, te cambian el gotero, o te entran a limpiar la habitación, cambiar la cama, ahora la pediatra y la ginecóloga. Y como yo andaba perfecta, iba al baño estupenda (con ayuda medicinal por los puntos) y no me sentía cansada, no sentía que tenía que estar ahí. Gracias a estanjano que me trajo bocadillitos de jamón que me supieron a gloria! Y los bombones que me regalaron unos amigos que estaban geniales!

Comer y beber es lo que me apetecía más, andaba por la habitación con mi nena y miraba por la ventana, tuve la suerte de que mis compañeros de habitación marcharon por la mañana, así que podía recorrer más espacio. Esa noche me quedé sola con la peque, pues su hermano necesitaba estar en casa y estanjano se lo llevó para dormir ahí.

Y llegó el último día, 48 horas después de mi ingreso, bueno algo más, después de últimas inspecciones a la peque y primera prueba del talón (la niña perdió 120 gr el primer día y recuperó 70 gr el segundo, así que un 1,6% de pérdido total, que está genia), y de que pasase el ginecólogo (con recetita para ir al baño y cita para el suelo pélvico), teníamos el alta!!! No me fui sin antes comer, ya que me habían traído la comida no la íbamos a desperdiciar!!! Y ale, pa casa!!! Con mis cuñados que nos ayudaron a llevar las cosas al coche (día de perros incluido, no podía ser menos si estanjanita ya había nacido el peor día de lluvia de las últimas semanas) y a meterme yo detrás entre la silla y el cuco, y a los que estaré eternamente agradecida porqué se portaron genial y porqué en situaciones así una descubre quién es la familia que se interesa y que está para lo que necesites sin pedirlo.

Ahora tocaba la realidad de una familia con un miembro más…

 

 

 

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